Cripta de Cambrils. 2007 — Artes escénicas

Restauración y rehabilitación de la cripta de Cambrils como sala de conciertos y ensayos de la Coral Verge del Camí, así como sala polivalente para reuniones y conferencias.

Institución impulsora: Ayuntamiento de Cambrils

Ubicación: Cambrils, Cataluña

© Fotografía: Ignasi Cristià SL

La Coral Verge del Camí de Cambrils, gestora de facto de la Cripta, impulsó su transformación en sala de conciertos para un aforo de 170 personas. Se planteó como un espacio complementario al Teatre-Auditori impulsado por el Ayuntamiento de Cambrils.

La intervención se pensó en base a dos conceptos importantes: el respeto a la singularidad del edificio original, que los usuarios y cambrilenses tienen en gran estima, y la adaptación de la sala a las necesidades actuales. La sala original tiene forma de cruz latina y un crucero en el centro que se convierte en el punto dramático central en torno al cual giran todos los demás espacios. La idea principal es que el lugar pueda adaptarse a diferentes necesidades y tipos de actos, y para ello se propone un juego de desniveles en el pavimento, partiendo del punto más alto en el que se encuentra la entrada a la cripta y descendiendo suavemente hacia el escenario, el cual dispone de un sistema de cuatro plataformas móviles adaptables a diferentes niveles. De esta manera se plantea que el escenario pueda escalonarse para acoger las corales o para aumentar el aforo de visitantes en el caso de un concierto de música de cámara. También permite posicionarse como un escenario tradicional y desaparecer para acoger conferencias y otros actos oficiales. Estos dobles fondos de pavimento actúan al mismo tiempo como espacio para alojar las instalaciones, sin tener que tocar las bóvedas o los muros de piedra originales.

El resto de paramentos se construyen con madera y vidrio. Las dos naves laterales alojan el almacén y la sala de ensayos, que actúan asimismo como vestuarios, separados por paredes de madera que ayudan a mejorar la acústica. Dos líneas de luz recorren el pasillo desde el suelo iluminando cenitalmente las bóvedas. El ábside se reviste con un panelado de madera que no llega a tocar el perímetro y que actúa como doble fondo donde se almacena el piano de la sala. Este fondo de madera es el retablo abstracto de un espacio de culto donde la música es el ritual a oficiar.

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