Cartuja de Escaladei. 2016 — Museos

Visita museizada de la Cartuja de Escaladei que busca interpretar y evocar la experiencia de la vida monacal en un edificio actualmente en ruinas que se encuentra en proceso de rehabilitación.

Institución impulsora: Agencia Catalana de Patrimonio Cultural

Ubicación: La Morera de Montsant, Cataluña

© Renderización: Ignasi Cristià SL

El proyecto de la Cartuja de Escaladei se plantea como un centro de interpretación de la vida monástica, así como del edificio que actualmente se encuentra en un estado ruinoso. El recorrido se divide en tres zonas: la zona de acogida, la zona cenobítica, y por último la celda. El primer espacio es un lugar de descompresión, de información y de aproximación al recinto. Supone un primer acercamiento a la vida monástica y a la interpretación del territorio donde se emplaza el edificio, y por eso aquí hay un espacio dedicado a la Denominación de Origen del Priorato y la cultura del vino de la zona.

Tras salir de la zona de acogida nos adentramos en las dependencias de los monjes, aquellas que estaban vetadas a la mayor parte del público. Como la metáfora bíblica del ojo de la aguja, los arcos entre las ruinas de Escaladei nos marcan el comienzo de un viaje iniciático, con la portada de la antigua iglesia de fondo. Aquí encontramos dos espacios de interpretación de la vida monástica. En el primero se nos explica la rutina de un monje, el trabajo, la oración, la lectura, la meditación, la contemplación… Todas sus acciones tienen como único objetivo el encuentro con Dios. Todo esto se muestra a través de un recurso visual y sonoro proyectado sobre la propia superficie de piedra de la sala. A continuación otra sala de mayor tamaño ofrece información sobre los distintos momentos del día para un monje, modulados por las horas de oración, mediante una proyección sobre otro muro de piedra de grandes dimensiones.

Por último avanzamos hacia el verdadero corazón de la cartuja: la celda. El espacio más íntimo y silencioso, donde el monje experimenta una soledad inviolable. Esta zona es la más difícil a nivel conceptual: ¿cómo hacer entender al visitante esta sensación de aislamiento y esta relación tan intangible y personal con lo espiritual? Hay una celda reconstruida que se puede visitar, pero aunque aporta información a nivel arquitectónico o histórico, no es más que una concha vacía. Para solucionar esto propusimos una instalación formada por un círculo de asientos con un sistema de audición particular. Se escucha una voz que lee una carta escrita por un monje a su madre, un relato personal que abre una ventana a su alma impenetrable, haciéndonos sentir por unos instantes la experiencia del aislamiento monacal. Una reclusión que, tras el estricto régimen de privaciones y la separación de los seres queridos, esconde entrega, amor y libertad, motivo de la felicidad que ilumina el rostro de los monjes. Este espacio simboliza por tanto la conexión entre el cielo y la tierra, sintetizado en un dibujo que un monje había dibujado sobre una baldosa, una escalera y una cruz, que sirvió para diseñar el logotipo.