Manifesto

La comunicación que merece la pena es la que transforma, la que nos convierte en personas diferentes, mejores. La que busca la belleza en el sentido y no la que alimenta el sentido de la belleza. Comunicar es renunciar, despojar el mensaje de toda retórica, buscar la esencia, el significado. Siguiendo una de las premisas de Coco Chanel: ante la duda, mejor eliminar.

Somos enemigos del ruido, aunque se presente bajo una apariencia armónica. Crear es una responsabilidad, y hay que asegurarse de la necesidad de lo que se pretende crear.

Sin excusas. Las limitaciones no son más que los márgenes que indican el camino. Siempre hay un modo de llegar si se tiene claro adónde se quiere llegar.

Para llegar al otro lado hay que saltar la barrera de los formatos. Las buenas ideas son chispas que incendian lo que tienen a su alrededor. Para ser verdaderamente creativo, lo primero es perder las formas.

Sí, nos equivocamos y no nos asusta volver a hacerlo. No hay que confundir el error con el fracaso. El fracaso es un destino que queda desactivado cuando se pierde el miedo a fallar y se aprende a ver el error como una parte necesaria del proceso.

El oficio de crear no tiene horarios. Hay una voz que te acompaña en todo momento y traduce la realidad para inventar un nuevo lenguaje. ¿Cuánto se tarda en tener una idea? Depende, a veces una fracción de segundo. Detrás, toda una vida preparando el camino.